11 julio 2008

Próxima parada.

Creo que había dejado atrás Palau Reial cuando el chico vasco me ofreció su tarjeta de transporte “todavía le quedan dos, te la regalo” pero lo que me regaló fue una sonrisa de las que prenden, aunque no le presté demasiada atención. Me puse a pensar en porqué había decidido que fuera vasco, me apetecía que lo fuera. Tengo una extraña debilidad por los vascos y los identifico allá donde voy, o los invento cuando me dejan. El mío tenía cara de Gorka, o Aitor, los dos me gustaban por igual.

Eché un vistazo al vagón. Estaba vacío, sin rastro de trabajadores que vuelven a sus casas, sin turistas de mapa en mano, ni estudiantes con exámenes… todos los asientos para mí, para poder colocar en cada uno de ellos los recuerdos que hoy tanto me asfixiaban. Y poco tenía que ver que estuviéramos en julio. Ahí, todos bien sentaditos. En frente, las tardes que se convirtieron en noches con amanecer; a la derecha, aquel concierto en Mataró con plano casero para llegar; tu indiferencia, al fondo, en el último asiento del vagón y a mi lado, el vasco. Noté que algo caía en mi falda negra, “una gota del aire acondicionado” pensé. Y seguí mirando fijamente hacia delante que por otra parte, es lo mejor que se puede hacer en un vagón vacío. Encontrarte con el reflejo ahumado que te ofrecen sus cristales.

A punto estuvimos de pasarnos de parada, íbamos a cenar al centro y se hacía tarde. Gorka había reservado mesa para las nueve y le horrorizaba retrasarse. Me hablaba sobre las fiestas de verano en su pueblo (de nombre impronunciable) pero yo sólo podía fijarme en el vuelo que había cogido mi falda negra aquella tarde. Se notaba que quería escapar pero ahí estaba mi nostalgia crónica para obligarla a pasear por calles desconocidas, reprimiendo su vuelo una y otra vez. Y antes de darme cuenta, había perdido a Gorka. Llegué sola al restaurante y me di media vuelta antes de que me preguntaran a nombre de quién estaba la reserva. Hay pocas cosas peores que sentarte a la mesa de un restaurante para comer sola.

“Otra gota” y otra señal más en mi falda negra para que no se me olvidara que seguía queriendo huir. ¿Y Gorka? Sólo tenía su tarjeta de transporte y con eso hacía más bien poco. Debería haberle prestado más atención, todo es culpa de la falda negra. Y más gotas… cuando de repente me acercó un pañuelo de papel. “No deberías dejar caer esas lágrimas, hace un día precioso” Y abandonó el vagón vacío de los recuerdos, la falda negra y los restaurantes inventados entre estación y estación. Tendría que haberme bajado con él, así al menos habría motivo para escoger parada. El reflejo ahumado me decía que iba vestida como si hubiera quedado contigo pero no recordaba ningún “nos vemos después, un beso”. Había olvidado donde quería llevar a pasear mi falda negra y ahora sin Gorka, sólo me quedaba la próxima parada.

4 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Seguro que quedarán mas paradas...
Mas suntuosas, y porque, más sencillas. Y la falda será pantalón y sueter, o café de media tarde. Supongo que ya te lo he dicho, el amor es un cabrón con mucho ingenio

elshowdefusa dijo...

Pensaba que Gorka, en la tarjeta, te había dejado su número de teléfono. ¡Vuelve, Gorka! ¿La parte en cursiva es tuya también?

Aprendí las normas el segundo día... y entonces supe que no iba a ser tan fácil. Justamente eso canta Quique mientras te escribo.

Un besazo, Mar.

Producciones Bajo Presupuesto dijo...

Esos viajes y la importancia de la compañia se vuelva radicalmente importante, y cada estacion va dejando atras una nueva ruta, una salida.

Espero escoger la correcta, o me daria pena no haber puesto la atencion adecuada.

Alatriste dijo...

¡Qué texto más bonito!
Refleja un encuentro y ese tipo de situaciones, siempre tienen algo de mágico.
Lo expresaste de maravilla y me impresionó sobre todo el tono de fracaso del final, en un giro genial de la historia.
Muchas veces, la próxima parada es lo único que nos queda.
Pero sabes una cosa, siempre se puede iniciar otro viaje.
Mucho ánimo amiga y que las gotas sigan siendo del aire acondicionado. No más lágrimas.
Besos y cuídate.